Hace apenas siete u ocho años, una amplia cooperación regional parecía inimaginable: las fronteras entre países vecinos estaban cerradas, el comercio, el tránsito, los contactos comerciales y los intercambios humanitarios eran prácticamente inexistentes; las relaciones estaban, en efecto, congeladas. Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente.
Gracias a una nueva voluntad política y un espíritu de apertura, se ha restablecido la confianza mutua entre los Estados de Asia Central y se han revitalizado las alianzas integrales en todos los ámbitos. Este cambio radical ha sentado las bases para la seguridad y la prosperidad de la región.
Una nueva era de cooperación regional
Un punto de inflexión en la dinámica regional comenzó con la elección del presidente Shavkat Mirziyoyev en 2016, cuando Uzbekistán adoptó una política de buena vecindad y beneficio mutuo. Como resultado, se resolvieron muchas disputas de larga data, se simplificaron los procedimientos fronterizos y se abrieron nuevas rutas de transporte entre los países de Asia Central. Estas medidas dieron sus frutos rápidamente: el volumen del comercio intrarregional aumentó significativamente. En comparación con finales de la década de 2010, el volumen comercial total entre los estados de Asia Central casi se duplicó, pasando de 5.700 millones de dólares en 2018 a 11.000 millones de dólares en 2024. El crecimiento del comercio de Uzbekistán con sus vecinos más cercanos ha sido particularmente notable: entre 2016 y 2021, el volumen comercial con los países de la región se multiplicó por 2,6, pasando de 2.500 millones de dólares a 6.300 millones de dólares. El comercio con Kirguistán casi se sextuplicó, con Tayikistán se triplicó y con Turkmenistán se cuadruplicó. Este progreso refleja una mejora fundamental en las relaciones, con la restauración de los servicios de autobús, las rutas aéreas y las conexiones ferroviarias. Se han creado centros comerciales y económicos conjuntos a lo largo de las fronteras, como el Centro Internacional de Cooperación Industrial en la frontera entre Uzbekistán y Kazajistán. Una región que antes estaba dividida por barreras se está transformando rápidamente en un espacio común de confianza, comercio mutuamente beneficioso y desarrollo compartido. Uno de los principales impulsores de esta transformación regional han sido las reuniones periódicas de los líderes de los países de Asia Central. Por iniciativa de Uzbekistán, en 2018 se lanzó un nuevo formato de diálogo: las Reuniones Consultivas de Jefes de Estado de Asia Central. Celebradas anualmente en el país que preside, estas reuniones han brindado a los líderes de los cinco países la oportunidad de debatir abiertamente los desafíos compartidos y buscar conjuntamente soluciones coordinadas. El presidente Shavkat Mirziyoyev enfatizó que las reuniones consultivas sirven como plataforma donde "todos los temas urgentes de la agenda común se abordan de forma abierta y constructiva". Como resultado, los países de la región han logrado cultivar un nuevo espíritu de regionalismo, que abarca desde el diálogo político y la cooperación en seguridad hasta la integración económica y el intercambio cultural y humanitario.
Crecimiento Económico y Atracción de Inversiones
Los importantes logros de Uzbekistán en materia de desarrollo económico y reforma en los últimos años han sentado una base sólida para su liderazgo regional. El país continúa mostrando altas tasas de crecimiento: según instituciones internacionales, se espera que el PIB aumente casi un 7 por ciento en 2025. Desde 2016, la economía de Uzbekistán ha experimentado un salto cualitativo: en ocho años, el producto interno bruto se ha duplicado y el país se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar un PIB de 200 mil millones de dólares para 2030. Tan solo el año pasado, las entradas de inversión en la economía nacional ascendieron a 35 mil millones de dólares, mientras que las exportaciones superaron los 27 mil millones de dólares; ambas cifras récord, que reflejan en parte el éxito de Uzbekistán en atraer socios y capital a través de plataformas como el Foro Internacional de Inversiones de Tashkent. Es gratificante observar que las reformas de Uzbekistán están recibiendo reconocimiento mundial: en los últimos cinco años, el país ha subido 48 posiciones en el Índice de Libertad Económica y 28 posiciones en el Índice de Complejidad Económica de Harvard. Recientemente, S&P Global Ratings mejoró la perspectiva de crédito soberano de Uzbekistán de “estable” a “positiva”, elogiando la resiliencia macroeconómica del país y su sólida agenda de reformas.
Se está prestando especial atención al desarrollo de la energía verde y a la protección del medio ambiente, algo esencial no solo para Uzbekistán, sino para toda la región. En el marco de la estrategia nacional para la transición a una economía baja en carbono, el país ha atraído cerca de 6.000 millones de dólares en inversión extranjera directa en energías renovables. En un corto período, la generación de electricidad ha aumentado de 59.000 a 82.000 millones de kWh. En los próximos cinco años, se prevé aumentar la producción a 120.000 millones de kWh, lo que eleva la cuota de fuentes renovables al 54 por ciento. Uzbekistán también está invirtiendo en la modernización de las redes eléctricas (se asignarán 4.000 millones de dólares para modernizar la infraestructura de la red eléctrica) e involucrando a empresas privadas en la gestión de las redes eléctricas regionales. Estas medidas no solo satisfacen las necesidades internas, sino que también crean las condiciones para el intercambio de electricidad con los países vecinos, el uso conjunto de los recursos hídricos y el apoyo energético mutuo durante los períodos de máxima demanda.
No menos destacable es el progreso en el desarrollo digital. Este año, las exportaciones de servicios de TI superarán los 1.000 millones de dólares, lo que indica la formación de un moderno clúster tecnológico en el país.
Uzbekistán como puente entre regiones
Tashkent promueve constantemente la idea de conectar Asia Central con el resto del mundo, transformando la región en un puente transcontinental entre Oriente y Occidente. Un claro ejemplo de ello es el desarrollo de proyectos de corredores de transporte. En agosto de este año, Uzbekistán, Turkmenistán y Azerbaiyán acordaron en una cumbre celebrada en Avaza ampliar la cooperación en rutas de tránsito mediante la integración de ferrocarriles y puertos del Mar Caspio para acelerar el transporte de carga desde Asia Central al Cáucaso y a Europa. Se adoptaron memorandos sobre el desarrollo de la logística, la coordinación de los puertos de Turkmenbashi y Bakú, la construcción naval conjunta y el intercambio de datos entre centros de transporte. Esto sienta las bases para un corredor Este-Oeste unificado capaz de diversificar las rutas comerciales de la región.
Al mismo tiempo, Uzbekistán participa en la iniciativa Norte-Sur mediante la construcción del corredor ferroviario Transafgano, que en el futuro proporcionará a los países de Asia Central acceso directo al Mar Arábigo. Estos proyectos de infraestructura son inseparables de la política regional: requieren esfuerzos coordinados de todos los estados y pueden generar beneficios mutuos al fortalecer la independencia económica de Asia Central.
Al tiempo que fortalece los lazos con las regiones vecinas, el país desarrolla simultáneamente alianzas con importantes centros de influencia global. En abril de 2025, se celebró por primera vez en Samarcanda la cumbre "Asia Central - Unión Europea", lo que demuestra el creciente interés de Europa en la región. Como resultado, se acordó una nueva estrategia de asociación entre la Unión Europea y Asia Central, y comenzaron los preparativos para la firma del Acuerdo de Asociación y Cooperación Reforzada entre la UE y Uzbekistán. Se espera que a finales de este mes, el presidente Shavkat Mirziyoyev visite Bruselas para firmar este acuerdo histórico, cuyo objetivo es elevar la cooperación comercial, económica y política con Europa a un nivel fundamentalmente nuevo. Este paso consolidará el progreso logrado con la adhesión de Uzbekistán al sistema SGP+ y el crecimiento del comercio con la UE, y servirá como reconocimiento del papel vital del país como puente entre la Unión Europea y toda la región de Asia Central.
El diálogo con otros socios importantes, como China, Rusia y los países de Oriente Medio, también se está desarrollando activamente. En junio, Tashkent acogió el Segundo Foro Interregional Uzbekistán-China, que reunió a más de 1500 representantes de círculos empresariales y organismos gubernamentales de ambos países. Uzbekistán y China están implementando proyectos de inversión a gran escala y expandiendo el comercio: en 2024, el comercio bilateral alcanzó los 13 100 millones de dólares. Con Rusia, continúa la implementación de un programa para establecer parques tecnológicos conjuntos por valor de 3500 millones de dólares, localizar la producción y firmar acuerdos que brinden garantías sociales a los trabajadores migrantes.
Una mirada al futuro
Los expertos coinciden en que Uzbekistán ha logrado dar a Asia Central el ansiado impulso hacia la unidad. Aprovechando esta ola de consolidación regional, los países están uniendo sus voces en temas clave y afirmándose con mayor confianza en el escenario mundial. Se ha establecido un nuevo mecanismo impulsado por Uzbekistán, el Grupo de Contacto Regional sobre Afganistán, en el que representantes de cuatro países (Uzbekistán, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán) están desarrollando enfoques coordinados para abordar la cuestión afgana. Esto demuestra la capacidad de los Estados de Asia Central para asumir la responsabilidad de la seguridad y la estabilidad de su entorno.
Con la mayor población de la región y una economía en constante reforma, Uzbekistán se ha convertido objetivamente en el motor de estos procesos. Sin embargo, su liderazgo es de carácter inclusivo: Taskent enfatiza constantemente que la prosperidad de Uzbekistán es inseparable de la prosperidad de toda la región. Como señaló el presidente Shavkat Mirziyoyev: «Los enfoques coordinados y armonizados de los países de Asia Central permitirán alcanzar objetivos comunes de desarrollo y prosperidad». En esta filosofía reside la clave del éxito: no la competencia, sino la colaboración; no la división, sino el progreso conjunto.
Queda mucho trabajo por delante para implementar los acuerdos alcanzados, pero es evidente que Uzbekistán está firmemente comprometido a convertir las iniciativas regionales de declaraciones en acciones prácticas. En un futuro próximo, Asia Central podría convertirse en una de las regiones más cohesionadas y económicamente dinámicas de Eurasia, una transformación a la que la nueva política abierta de Uzbekistán ha contribuido significativamente.
Una región que antes se consideraba periférica ahora está pasando a la vanguardia de la política y la economía internacionales. Uzbekistán, a su vez, continúa afirmando su condición de socio fiable y líder proactivo, capaz de convertir grandes ideas en resultados tangibles. Estas mismas cualidades son esenciales hoy en día para que Asia Central se convierta en un espacio de progreso, innovación y desarrollo sostenible a escala continental.
Abduaziz Jidirov, UzA