Bujará se cuenta como una ciudad de muchas caras. La llaman como “Bujará sagrada”, “Bujará sabia”, “Bujará bienaventurada”, “Bujará científica” pero el epíteto más preciso es “Bujará noble”.
La nobleza de esa ciudad se ve en todo: en los monumentos seglares de la arquitectura, en las callejuelas antiguas, en los minaretes altos, en las caras de la gente, sus modos de andar y sus maneras. Percibe una atmósfera especial en que se trenzaron el sacramento de la antigüedad y la rapidez de la contemporaneidad.
Cada de los monumentos medievales de Bujará atraye la multitud de los turistas, peregrinos y los apreciadores de esa belleza. Parece que todas las construcciones están aprendidos por los científicos y examinados por los papanatas de la Ceca en la Meca. Pero cada hombre encuentra aquí algo cercano a su alma y los sentimientos experimentados allí no se pueden compararse con las emociones más brillantes, es que en ellas están escondidas toda la sabiduría del mundo y la potencia de la civilización humana.
Toda Bujará está empapada con los mitos y leyendas. Los se cuentan no solamente los guías experimentados, sino y los barbicanos viejos. Pero el cuadro verdadero fue recreado por los científicos que realizaban las excavaciones en esa ciudad antigua. Está dispuesto que las colonizaciones no transferían en el espacio, sino crecían por el vertical. En los cortes de grosor terrenal de 20 metros los arqueólogos descubrieron los restos de las viviendas, edificios públicos y las construcciones defensivas.
Determinar su pertenencia temporal permiten los hallazgos encontrados: la vajilla de cerámica, hornos, monedas con los dibujos acuñados, los bienes de joyería, instrumentos de artesanía y todo lo que caracteriza la actividad y cultura de la sociedad humana.
Sobre todo son muy potenciales las capas bajas del período antiguo (III-IV siglos a.C); las capas altos se quedaron de la ciudad medieval (el empiezo del siglo IX). Así, la edad de Bujará más de 2500 años, como la Samarkanda. Pero la gente local cree que la ciudad tiene como mínimo 3000 años y infunden en la continuación de las excavaciones que puedan encontrar las pruebas materiales.
Según una versión el nombre de la ciudad proviene de la palabra “vijara” que significa el monasterio budista. La palabra misma “Bujará” proviene de “bujar”, que en la lengua de los magos significaba “la fuente de los conocimientos” esa palabra es cercana a la palabra de los idólatras de China. Ellos llamban “Bujar” al templo en que se guardaba los ídolos. Cronista Jafizi Tanish (XVI) informa que el nombre real de la ciudad era “Lumdzhikat”.
Desde los tiempos antiguos Bujará era el punto medio de muchas religiones, aquí habitaban los zoroástricos, idólatras, cristianos, manijeistas y budistas. Pero en los fines del siglo IX la ciudad se convirtió en uno de los centros culturales muy grandes del mundo islámico. Entonces la llamaban “la cúpula de Islam”. Hasta ahora aquí se conservaron muchas mezquitas, tumbas y madrazas.
En total, por la cantidad de los monumentos, viviendas y los edificios públicos que se cuenta más de 400 objetos, Bujará de derecho se considera como el museo más grande en Asia Central que está situada en aire libre.