¿Qué atrae hoy a los turistas a Uzbekistán: su patrimonio ancestral o su atractivo contemporáneo?
Reguistán, Bujará, Jivá: estos suelen ser los primeros nombres que acuden a la mente de los visitantes extranjeros cuando piensan en Uzbekistán. Pero, ¿qué sucede después de que el turista se maravilla ante las cúpulas turquesas, pasea por calles milenarias y toma la foto de rigor frente a una madraza? Ahí es donde comienza lo más fascinante.
Artículos recientes de periodistas y escritores de viajes extranjeros muestran un cambio fascinante en la percepción de Uzbekistán. El país sigue despertando interés a nivel mundial gracias a su historia antigua, que continúa siendo un gran reclamo. Sin embargo, los viajeros se llevan ahora impresiones que van mucho más allá de la arquitectura de la Ruta de la Seda.
A menudo, los visitantes extranjeros llegan para ver Samarcanda, pero terminan hablando de Tashkent. Visitan ciudades antiguas, pero sus recuerdos se centran en la gente, la gastronomía, el servicio, la cultura contemporánea, las montañas y la sensación de un país en plena transformación. Esto plantea una pregunta: ¿qué es lo que realmente atrae hoy a los turistas: la historia de Uzbekistán o su estilo de vida actual?
Todo comienza con la Ruta de la Seda
Emprender un viaje a través de la historia antigua del país es casi inevitable. Para los visitantes occidentales, Samarcanda, Bujará y Jiva no son solo tres ciudades. Sus nombres evocan un halo mítico vinculado a la Gran Ruta de la Seda, a Tamerlán, a las caravanas, a los eruditos, a los comerciantes y a la arquitectura oriental. Durante años, esta imagen definió la forma en que el mundo veía a Uzbekistán.
El periodista holandés Willie van Rooijen describió su viaje como un «viaje en el tiempo» al explorar ciudades como Samarcanda, Bujará y Jivá, centrándose en monumentos, artesanía, barrios antiguos, mezquitas, madrazas y rutas de caravanas. Jiva ofrece una experiencia similar. Dentro de Ichan-Kalá, los visitantes descubren una arquitectura que se percibe auténtica, y no preparada artificialmente para el turismo: calles estrechas, minaretes, talleres y murallas antiguas evocan una época pasada. Este ambiente histórico es el principal atractivo. Sin embargo, es cada vez menos frecuente que los autores extranjeros limiten sus relatos únicamente a la historia.
Atraídos por el pasado, sorprendidos por el presente
El periodista británico Geordie Greig ilustra esto con un ejemplo notable. Describe una ruta típica: Samarcanda, Bujará, Jivá y Tashkent. Las tres primeras ciudades ofrecen lo que un viajero primerizo podría esperar: monumentos impresionantes, ecos de historia imperial y el ambiente de históricos centros comerciales. Sin embargo, Tashkent ocupa un lugar único en su relato, y eso es importante. A diferencia de Samarcanda, la capital no pretende competir con sus monumentos medievales. En su lugar, ofrece un atractivo diferente: su sistema de metro, arquitectura contemporánea, museos, galerías, salas de conciertos y espacios culturales emergentes. Esto plantea una paradoja. Si bien la historia puede motivar a un turista a visitar Uzbekistán, los aspectos modernos del país desafían sus suposiciones iniciales. Esta distinción es particularmente importante.
Tashkent se está haciendo un hueco en el mapa turístico
Durante mucho tiempo, Taskent fue vista principalmente como un punto de tránsito en el turismo internacional: llegar, pasar la noche y continuar hacia Samarcanda o Bujará. Sin embargo, esta perspectiva está cambiando gradualmente. Las publicaciones extranjeras consideran cada vez más a la capital como un destino que merece la pena explorar por sí mismo. Este creciente interés abarca no solo los lugares históricos, sino también la vida cotidiana en la ciudad. Este cambio señala un enfoque diferente de los viajes, donde los turistas sienten curiosidad no solo por "¿Qué ha sobrevivido del siglo XV?", sino también por "¿Cómo vive este país hoy en día?".
Aquí es donde cobran protagonismo la gastronomía contemporánea, el arte, el diseño, los museos, los nuevos hoteles, las cafeterías, los espacios culturales y los entornos urbanos. En la prensa internacional de viajes, se habla cada vez más de Tashkent en el contexto del arte contemporáneo y la transformación cultural. Esta es una señal importante: el país ya no se percibe exclusivamente a través del prisma de su patrimonio histórico.
Samarcanda y la modernidad
Sería incorrecto considerar la modernidad como algo opuesto a las ciudades históricas. Samarcanda está transformando la experiencia turística. Los escritores internacionales se centran no solo en lugares emblemáticos como el Registán y el Gur-e-Amir, sino también en los restaurantes, hoteles, servicios, nuevos espacios e infraestructuras de la ciudad. Esta visión queda especialmente clara en la obra del reconocido viajero y autor Pico Iyer. En un artículo del “Financial Times” sobre sus descubrimientos en 2025, Uzbekistán figuraba entre los destinos que más le impresionaron. No fueron solo los famosos monumentos lo que captó su atención; también elogió los estándares hoteleros, la calidad del servicio y la combinación de encanto histórico y comodidades modernas. Esto ofrece una imagen diferente del país: ya no se trata del “antiguo Uzbekistán, donde también se puede encontrar alojamiento”, sino de una nación contemporánea en la que la antigüedad forma parte de la vida cotidiana. Esta integración podría convertirse en una ventaja competitiva clave para Uzbekistán.
De las cúpulas a la gente
Otro tema recurrente en los relatos de los visitantes extranjeros, aunque más difícil de cuantificar estadísticamente, tiene que ver con la gente. El periodista japonés Toshikazu Murakami destacó la hospitalidad de Uzbekistán, la actitud positiva hacia los extranjeros y una sensación general de seguridad y tranquilidad. Si bien estos aspectos pueden parecer menos impactantes a primera vista, hoy en día influyen considerablemente en la impresión que se llevan los viajeros, la cual a menudo se forma a partir de algo más que simples lugares de interés. Los monumentos pueden fotografiarse y olvidarse rápidamente, pero las interacciones como las conversaciones con vendedores, las cenas en restaurantes familiares, los encuentros fortuitos o la ayuda de los lugareños suelen convertirse en partes memorables de la historia personal del viaje. En consecuencia, los relatos de los periodistas extranjeros están pasando de las listas de “10 lugares imprescindibles” a historias que transmiten cómo se siente realmente Uzbekistán.
Akanksha Singh, de Lonely Planet, ofrece una perspectiva interesante: todo el mundo que visita Uzbekistán habla de los tonos azules: las cúpulas cerúleas de la madraza Mir-i Arab en Bujará, los matices azul cobalto y verdiazul del minarete Kalta Minor en Jivá y los cielos gloriosamente despejados. Sin embargo, son los tonos dorados y ámbar los que recuerdo con mayor viveza: los extensos campos de algodón que pasaban rápidamente ante mi ventana, el atardecer en Ayaz Kalá, la fachada moteada del mausoleo de Ismail Samani. Si esto parece sacado de un sueño, es porque lo es; al menos, para quienes viajan a Uzbekistán.
Lugares como Nukus, Karakalpakstán, las regiones desérticas, las antiguas fortalezas, las montañas y las rutas panorámicas amplían la imagen típica del país.
¿Por qué es importante el Uzbekistán moderno para los turistas?
Una pregunta natural es: si el patrimonio histórico del país es tan significativo, ¿por qué intentar competir con él mediante el desarrollo moderno? La respuesta podría ser que no es necesaria tal competencia. La modernidad no debería reemplazar a la historia; más bien, debería mejorar la accesibilidad y la comodidad para los visitantes actuales. El turista del siglo XXI quiere ver monumentos emblemáticos como el Registán, pero también necesita un alojamiento de calidad. Desea pasear por la antigua Bujará y, al caer la tarde, disfrutar de un restaurante, un concierto o una exposición. Los visitantes quieren conocer Jivá contando con acceso a transporte, comunicaciones y servicios modernos. Quieren vivir la experiencia de la Ruta de la Seda, pero no necesariamente vivir como los viajeros de las caravanas de antaño. Por lo tanto, el desarrollo de una infraestructura moderna no debilita el turismo histórico; más bien, amplía su atractivo hacia nuevos públicos.
En 2026, las publicaciones internacionales destacan cada vez más el turismo de invierno, los destinos de montaña y los viajes fuera de las rutas tradicionales, lo que sugiere que la imagen turística del país se está volviendo más compleja y multidimensional. Este cambio plantea una cuestión importante, no relacionada con el marketing, sino con la percepción. Cuando los visitantes llegan por primera vez, tienen ciertas expectativas: se imaginan el Este basándose en libros y fotografías. Sin embargo, a menudo se encuentran con una ciudad que cuenta con un metro moderno, restaurantes, galerías, nuevos hoteles, una cultura juvenil y un paisaje urbano en rápida evolución. Este contraste entre la expectativa y la realidad puede dejar una impresión profunda y duradera.
La historia antigua sigue siendo el principal motivo por el que la gente visita Uzbekistán. Antiguamente, los visitantes solían ver el país como un monumento vivo a su pasado. Ahora, es más probable que perciban un país donde la historia permanece viva en medio de la vida moderna. En consecuencia, la pregunta clave ha pasado de si los turistas prefieren el Uzbekistán antiguo o el moderno a por qué les resulta cada vez más difícil distinguir entre ambos.
Hoy en día, el activo turístico más valioso del país es esta mezcla única. Los visitantes pueden comenzar el día en la plaza Reguistán, maravillándose ante la arquitectura del siglo XV, y luego explorar el Tashkent moderno por la tarde. Al caer la noche, pueden cenar en un restaurante nuevo, asistir a un concierto o visitar una exposición. El día siguiente podría dedicarse a las montañas o a explorar una antigua fortaleza. Para los visitantes internacionales, esto no es solo un viaje al pasado, sino un recorrido por un país donde la historia y la vida moderna se entrelazan. Informes recientes de periodistas extranjeros sugieren que este llamativo contraste resulta cada vez más memorable y se está convirtiendo en una impresión clave que Uzbekistán deja en sus visitantes.
Aziza Alimova, UzA