El modelo uzbeko de rehabilitación: Siete años de operaciones humanitarias «Mehr»
En la historia moderna del Nuevo Uzbekistán, la protección de los derechos, las libertades y los intereses legítimos de sus ciudadanos, dondequiera que se encuentren en el mundo, se ha convertido no solo en una obligación constitucional, sino en la máxima expresión de la humanidad y la responsabilidad del Estado.
Una de las pruebas más desafiantes, pero a la vez estratégicamente significativas, de este compromiso ha sido la repatriación de compatriotas desde las zonas de conflicto en Siria, Irak y Afganistán.
Uzbekistán fue uno de los primeros países del mundo en pasar de una política de «distanciamiento» a una de «retorno y compasión», desarrollando así un modelo de rehabilitación singular.
La primera operación humanitaria de este tipo se lanzó hace exactamente siete años, el 30 de mayo de 2019, por orden personal del presidente Shavkat Mirziyoyev. Durante esa misión, 156 ciudadanos uzbekos en su mayoría mujeres y niños fueron repatriados desde la Siria devastada por la guerra. Fue un momento decisivo: por primera vez, el Estado declaró abiertamente su disposición a recibir de vuelta a los ciudadanos que se habían extraviado.
Esa operación marcó el inicio de una serie de misiones llevadas a cabo bajo el nombre colectivo de «Mehr» (que significa compasión en uzbeko). La filosofía central de la iniciativa del presidente Mirziyoyev es que los ciudadanos uzbekos que se encuentran en zonas de conflicto debido a decisiones erróneas conservan el derecho a la protección estatal y la oportunidad de una nueva vida.
Cada misión fue única en su logística, perfil de riesgo y las circunstancias de quienes regresaban a casa. La segunda operación, Mehr-2, llevada a cabo en octubre de 2019, destacó por la evacuación de 64 niños de Bagdad, Irak; niños cuyas madres permanecían encarceladas en el extranjero y de quienes Uzbekistán asumió la tutela total.
En diciembre de 2020, a pesar de las severas restricciones impuestas por la pandemia mundial, la Operación Mehr-3 rescató a 98 mujeres y niños de los campamentos de Al-Hol y Roj en Siria, donde vivían en condiciones sanitarias deplorables. Muchos de los niños presentaban heridas de metralla y graves enfermedades crónicas. La operación se llevó a cabo con el apoyo técnico de Estados Unidos y organizaciones internacionales.
La Operación Mehr-4, realizada en febrero de 2021, se centró en Afganistán, logrando el regreso de 24 ciudadanos atrapados en el fuego cruzado de la prolongada guerra en ese país.
La etapa final, Mehr-5, se completó en abril de 2021, trayendo de regreso a casa a 92 personas desde Siria: 24 mujeres y 68 niños, incluyendo 7 huérfanos. Esta operación también perfeccionó un protocolo de documentación rápida: se emitieron certificados de nacimiento a los niños directamente en el aeropuerto, garantizando así que obtuvieran estatus legal inmediato a su llegada.
En total, las operaciones Mehr han repatriado a más de 530 personas, de las cuales aproximadamente el 75% son niños. El principio rector ha sido inequívoco: los niños no pueden ser considerados responsables de las decisiones de sus padres.
La repatriación es mucho más que un simple trámite logístico: es el complejo proceso de transformar a quienes fueron marginados en miembros plenos de la sociedad. El modelo uzbeko se basa en cinco pilares:
Restauración jurídica. El 100 % de los repatriados ha recibido documentación oficial. Todos los niños nacidos en zonas de conflicto han recibido un certificado de nacimiento de la República de Uzbekistán, lo que les garantiza el acceso a la atención médica y la educación.
Empoderamiento económico. El Estado se ha asegurado de que nadie afronte las dificultades en soledad. Mediante programas de crédito subvencionados y formación profesional, las mujeres han encontrado empleo y han creado pequeños negocios en sus comunidades, logrando así la independencia económica. Los repatriados también reciben asistencia para recuperar los derechos de vivienda perdidos durante su ausencia o se les proporciona vivienda de alquiler subvencionada.
Educación inclusiva. Los niños repatriados asisten a escuelas regulares, no a centros segregados, y participan en competiciones académicas y eventos deportivos junto a sus compañeros. Hasta la fecha, aproximadamente 10 repatriados, incluyendo mujeres, están matriculados en instituciones de educación superior, y 9 niños han ganado o quedado finalistas en olimpiadas académicas nacionales y regionales.
Orientación espiritual. Representantes del Comité de Asuntos Religiosos, junto con teólogos e imanes de renombre del Consejo Musulmán de Uzbekistán, imparten sesiones de orientación preventiva, presentando a los repatriados los principios del islam hanafí tradicional como contrapunto a las interpretaciones extremistas. Más del 90% de los retornados se han adaptado con éxito y ahora llevan una vida secular.
Participación comunitaria a través de la mahalla (los centros de vecinos). Los vecinos y activistas comunitarios de la mahalla (institución vecinal tradicional) desempeñan un papel fundamental en la reintegración de las familias, previniendo la estigmatización y fomentando un apoyo genuino. A cada familia se le asigna un mentor experimentado de la mahalla que les ayuda con los desafíos cotidianos y vela por su bienestar.
La comunidad internacional reconoce ampliamente los resultados del programa de repatriación de Uzbekistán como uno de los modelos humanitarios más exitosos del mundo. Las Naciones Unidas han recomendado oficialmente el modelo uzbeko como guía para otros gobiernos. El ex Subsecretario General de la ONU, Vladimir Voronkov, lo ha destacado en repetidas ocasiones como ejemplo de cómo un Estado puede lograr un equilibrio efectivo entre justicia y compasión.
Las iniciativas de rehabilitación y reintegración también han avanzado a nivel regional. En la conferencia internacional de alto nivel «Cooperación Regional de los Países de Asia Central en el Marco del Plan de Acción Conjunto para la Implementación de la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo», celebrada en Tashkent los días 3 y 4 de marzo de 2022, el Presidente Mirziyoyev propuso la creación, bajo los auspicios de la Oficina de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, de un Consejo Regional de Expertos integrado por destacados especialistas de los países de Asia Central.
El Consejo se puso en marcha en mayo de 2024 y refleja un amplio apoyo a la implementación colaborativa de programas integrales de rehabilitación y reintegración para las personas que regresan de zonas de conflicto. El Consejo está integrado por más de 40 expertos altamente cualificados de toda Asia Central, entre ellos representantes de organismos policiales y judiciales, así como psicólogos, teólogos, profesionales de la medicina y trabajadores sociales.
El proyecto ha ganado mayor credibilidad gracias a la participación de destacadas organizaciones internacionales, como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), el Fondo Mundial para la Resiliencia y el Compromiso con la Comunidad (GCERF) y el Instituto Internacional para la Justicia y el Estado de Derecho (IIJ).
La labor del Consejo se ha presentado en importantes foros de las Naciones Unidas: en Ginebra y Nueva York, el 11 de noviembre y el 10 de diciembre de 2024, respectivamente, y en Viena, el 21 de mayo de 2025.
Uzbekistán ha demostrado a la comunidad internacional que la repatriación no supone un riesgo para la seguridad, sino un instrumento para fortalecerla. Las organizaciones internacionales invierten hoy en Uzbekistán no para solucionar un problema, sino para replicar su éxito en otras regiones del mundo.
El trabajo con los repatriados en Uzbekistán ha pasado de una fase de rescate de emergencia a una de integración sistémica. El país cuenta con un mecanismo eficaz que combina el apoyo estatal con la supervisión comunitaria. El Estado garantiza la completa eliminación legal del pasado de los repatriados para que no obstaculice su futuro. Si bien inicialmente se priorizó la salud física, ahora el énfasis se ha desplazado hacia el bienestar mental y la identidad cívica. Un repatriado en Uzbekistán en 2026 es contribuyente, participa activamente en la vida de su barrio y es padre o madre cuyos hijos construyen su futuro en el país.
A diferencia de quienes optaron por cerrar sus fronteras a sus ciudadanos, el liderazgo uzbeko eligió el camino de la responsabilidad. La experiencia del país confirma que cuando un Estado tiende la mano, la sociedad se fortalece y la seguridad se vuelve inquebrantable.
El lema de Uzbekistán en este ámbito es claro: «Los niños no pueden ser terroristas», y cada ciudadano uzbeko siempre estará protegido por su patria.
Timur Ajmedov,
Jefe de Departamento, Instituto de Estudios Estratégicos y Regionales dependiente de la Presidencia de la República de Uzbekistán