Desafíos ambientales
Uzbekistán atraviesa una crisis hídrica, a menudo erróneamente considerada un problema temporal causado por condiciones climáticas adversas.
La escasez de agua en Uzbekistán debe entenderse como un desajuste fundamental entre la demanda y el suministro sostenible, no como una sequía temporal. El país ocupa el puesto 25 a nivel mundial en estrés hídrico, con hasta un 80% de su agua proveniente de ríos transfronterizos. Esto sugiere que gran parte de su seguridad hídrica depende de decisiones tomadas por países vecinos y de fenómenos climáticos fuera de su control, como el deshielo de los glaciares aguas arriba. A nivel interno, los problemas de infraestructura agravan la situación. Hasta un 36% del agua se desperdicia en canales de riego sin revestimiento. Si bien la inversión podría mitigar estas pérdidas, ya están arraigadas en el sistema actual.
La situación empeora, ya que más del 90% de las aguas superficiales del país están contaminadas y las reservas continúan disminuyendo. Las proyecciones indican que el déficit hídrico de Uzbekistán podría alcanzar entre 7 y 15 mil millones de metros cúbicos para 2030. Además, casi el 30% de la población, especialmente en las zonas rurales, enfrenta un acceso limitado a agua potable.
La mayor parte del consumo de agua del país se destina al riego, en lugar de al uso doméstico, principalmente para el cultivo de algodón y otros cultivos que requieren grandes cantidades de agua. A pesar de las posibles mejoras, aumentar la eficiencia del suministro de agua urbana por sí solo no puede resolver el problema a nivel nacional. La solución real depende de las políticas agrícolas, como la selección de cultivos, los métodos de riego y la tarificación del agua para los agricultores. Dado que las tarifas de agua para la agricultura son en su mayoría simbólicas, los agricultores carecen de un incentivo económico sólido para adoptar tecnologías de ahorro de agua.
Los impactos económicos de la escasez de agua van mucho más allá de la agricultura. La escasez de agua reduce el rendimiento y la calidad de los cultivos, disminuye la competitividad de las exportaciones y aumenta el riesgo de migración interna desde las zonas más afectadas. En esencia, la crisis hídrica amplifica casi todos los demás riesgos socioeconómicos que enfrenta el país.
Orash Akaboyev, UzA